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Articulo escrito por: Diego Ortega @guito_rmo

Tipo: Psicología

Tus victorias son sueños que jamás diste por perdido





Seguro que a muchos de ustedes les suene una lista similar que, llevados por la alegría, la euforia y por qué no, las copas que se suelen tomar cada 31 de Diciembre, solemos llenar de buenos y magníficos propósitos que curiosamente se van quedando por el camino a partir del día 1 de Enero.

¿Se acuerdan de esa lista hoy? Algunos imagino que sí y la mayoría, ya la habrán olvidado para evitar pensar en aquella persona a la que por orgullo aún no le dijeron lo siento, en aquel que iba a ser su último cigarro, en ese bono del gimnasio que aún no han estrenado y... suma y sigue porque no se engañen, ese todo que se iban a tragar a bocados se ha quedado finalmente en unas migajas que apenas probaron.

¿Y cuál es el error se preguntarán ustedes? ¿Qué hacen mal? ¿Por qué un día se comen el mundo y al siguiente se vuelven casi incapaces? Pues permitiéndome que les tutee, lo que hacemos mal (además de fijarnos objetivos demasiado grandes para cumplir en un espacio de tiempo demasiado pequeño porque queremos los resultados ¡YA!) es que tristemente y una vez que se nos pasa el entusiasmo inicial, tendemos a no salir de esa "zona de confort" que quizá no nos haga felices antes que atrevernos a saltar sin red. Puede ser que el salto salga mal pero... y si sale bien qué ¿eh? Al final solemos preferir una vida cómoda y rutinaria antes que luchar por una vida feliz. Así, no dejamos un trabajo por perseguir ese proyecto incierto con el que tanto hemos soñado. No decimos un "te quiero" porque quizá no sea mutuo y para qué vamos a complicarnos la vida. No nos mudamos a esa ciudad en la que siempre quisimos vivir porque vaya riesgo el empezar de cero... Y al final son esos "es que" los que nos acaban lastrando la vida y los que nos hacen vivir en lugar de VIVIR con mayúsculas y sin matices.

¿Cómo conseguir entonces tener una mayor tasa de éxito y que parte de la lista, al menos, se cumpla?

  1. No debemos decirle un ¡Hola! así a lo loco a Enero al que vemos como una nueva oportunidad para hacer todo aquello que siempre quisimos hacer y no hicimos sin decirle un ¡Adiós! meditado a Diciembre ¿Qué quiero decir? Pues que antes de pensar, verbalizar y escribir como posesos todo aquello que queremos conseguir debemos hacer un poco de análisis y evaluar el año que acaba de pasar. Alegrarnos por nuestros logros, analizar nuestros fracasos, llenar nuestra mochila vital con los aprendizajes adquiridos tras lo vivido… pero eso sí, con un pensamiento crítico y autocrítico.

 

  1. Definir adecuadamente nuestros propósitos. Estos han de ser,

 

  1. Concretos.
  2. Realistas en su forma, fondo y tiempo de consecución.
  3. Que su logro dependa sobre todo de nosotros mismos.
  4. Flexibles.
  5. Limitados en su número.

Seguramente con un ejemplo se entenderá todo mucho mejor. Supongamos que uno de vuestros propósitos es preparar una oposición para intentar conseguir un trabajo mejor. Es obvio que si trabajo y además tengo mujer e hijos el intentar aprobar esa oposición tendrá que materializarse con un tiempo de estudio realista (a lo mejor dos o tres horas al día), sabiendo que algún día quizá pueda estudiar más pero que seguramente la mayoría de ellos será menos y que necesitaremos más de un intento para lograrlo.

  1. Trazar un plan de acción para conseguirlos. Esto quiere decir fijarnos pequeñas metas que intentaremos cumplir cada día. Conseguirlas serán pequeñas victorias que nos ayudarán a seguir el camino hacia el éxito.

En este caso nuestras pequeñas metas serían por ejemplo: intentar tener nuestro lugar de estudio lo más ordenado posible para que nada nos interfiera durante el tiempo real del que dispongamos para estudiar, intentar acercarnos todos los días a ese tiempo de estudio que decidimos fijar antes de empezar a preparar la oposición, reforzarnos durante el fin de semana con alguna pequeña actividad que nos guste si hemos cumplido durante la semana el plan de acción previsto…  

  1. Ordenarlos en tiempo e importancia priorizando así nuestros diferentes objetivos. Esto, si bien puede causarnos una cierta ansiedad, también nos ayudará a organizar nuestras rutinas, fomentar nuevos hábitos, o poner fecha a tareas concretas pudiendo así evaluar mejor nuestros pequeños progresos y logros.

Quizá sea más sencillo y tangible intentar dejar de fumar y luego hacer por ir al gimnasio para conseguir una mejor forma física y desestresarnos del trabajo y el estudio que querer conseguir todo a la vez ya que quién mucho abarca, dicen que poco aprieta.

  1. Apoyarse en gente que lo ha conseguido. Ver como otros en tu misma o parecida situación lo consiguen, te dará esa motivación extra tan necesaria en ese arduo proceso de conseguir nuestras nuevas metas. 

Podríamos, por ejemplo, registrarnos en algún foro de referencia con gente que se prepare la misma oposición que nosotros para conocer sus experiencias o quedar con algún compañero de la academia que guíe nuestro estudio para tomar un café y compartir filias y fobias.

  1. Ser maleable y revisar continuamente los planes ya que en cualquier momento pueden surgir imprevistos que hagan que no todo vaya según lo esperado.

A tu mujer pueden ampliarle el horario de trabajo y has de hacerte cargo de los niños más tiempo del que al principio creías, puedes ponerte enfermo y eso también desbaratará tu plan de estudio o quizá en las vacaciones de Navidad querrás dedicarle a tus hijos el tiempo que el resto del año por el ritmo de vida actual no puedes. Simples ejemplos estos de lo importante que es la elasticidad. Esta hará por un lado que en la secuencia temporal prevista para conseguir tu objetivo hayas incluido días extra para recuperar ese estudio que quizá otros días pierdas, y que la culpa y la angustia por no poder llevar a cabo lo esperado no aparezcan o lo hagan de una manera mucho más difusa ya que siendo flexibles nos habremos adelantado, al menos en parte, a todo aquello que nos aleje de nuestra meta final ya que hemos dejado tiempo libre para recuperar el perdido.

  1. Detectar los problemas e intentar solucionarlos. Es obvio que por muy milimetrado que tengamos todo, por mucho empeño y motivación que le pongamos al asunto, por mucho que los planetas se alineen a nuestro favor y tengamos el viento de cara, van a surgir problemas en algún momento y es aquí donde debemos cambiar el plan si este nos falla pero jamás abandonar la meta.

Quizá no avanzamos en el estudio como queremos y debemos cambiar de apuntes por otros que se ajusten más a nuestros gustos, de academia por otra que se adapte más a nuestras necesidades o de horario incluso ya que a lo mejor estudio más y mejor por la mañana y prefiero madrugar y estudiar antes de irme a trabajar que al volver. Variaremos lo que esté a nuestro alcance pero jamás dejaremos de estudiar.  

  1. Dejar a un lado las “excusas”.

Del tipo dejé de estudiar porque “no tengo tiempo”, “la oposición tampoco es tan importante como creía”, “mis prioridades ahora son otras”, “no sirvo para esto”, “nunca acabo lo que empiezo”…

  1. Y sobre todo,

¡ATREVERSE! y ¡SALTAR!

Dicen que una despedida es necesaria para volver a reencontrarse así que un servidor ya se despide por hoy no con un adiós sino con un hasta la próxima. Mientras… ¡Sean felices! y… ¡Atrévanse!


 

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