Twittear

Datos:

Articulo escrito por: Diego Ortega @guito_rmo

Tipo: Psicología

Tengo miedo a enamorarme




    Una tarde cualquiera de un día de esos de primavera que por su calor pegajoso ya saben a verano, María llegó a la consulta de un psicólogo llamado Diego que le había recomendado su amiga y además compañera de trabajo, Raquel. No tenía intención alguna de acudir a la cita que esta le había concertado, pero conociendo su insistencia prefirió decirle que sí, que iría encantada y… ¡Problema resuelto! Sin embargo, el día acordado se vio arrastrada por la curiosidad y salió rauda y veloz del trabajo hacia el coche para tras serpentear a lo largo de un tráfico sumamente enmarañado, acabar sentada casi sin saber cómo ni para qué delante de un chico joven, de treinta y pico años, de cara afable y sonrisa amable. María empezó entonces una conversación tímida y casi susurrada en la que le explicó a Diego que tras una separación que quizá llegó demasiado pronto (once meses después de su boda) tenía como un “ligero temor” a empezar de nuevo. Prosiguió diciendo que eso era lo único que le había comentado a su amiga Raquel, que realmente no tenía ningún “problema” ya que lo que le ocurría suponía que era “lo normal” y que había sido una estupidez haber ido. Sin embargo, cuando estaba a punto de levantarse e irse algo en los ojos verdes de Diego, el cual casi ni había abierto aún la boca, le hizo quedarse. Quizá le trasmitieron la confianza necesaria, o le hicieron sentirse segura, o le inspiraron una paz que hasta el momento no acaba de encontrar en su día a día o… El caso es que sus barreras, escudos y corazas iniciales se cayeron de golpe y, por primera vez desde que pisó aquella consulta ubicada en aquel antiguo edificio sin ascensor de un barrio del centro de Madrid, se sintió cómoda y decidida a buscar el origen a esa dificultad que ya sí creía poder tener.

    Así, repasando los últimos intentos de relacionarse con el sexo opuesto tras su divorcio, se dio cuenta de repente y de una forma totalmente inesperada, que lo que le impedía volver a empezar una nueva relación afectiva era el estrés y la ansiedad que el mero hecho de pensarlo le producía. Diego, le explicó que es normal acabar roto tras haber apostado todo y que realmente, cuesta recomponerse y empezar de nuevo pero desde luego, no es de recibo sufrir mareos, náuseas, sudoración excesiva, taquicardia, ataques de pánico, temblores, falta de aire, confusión mental, pérdida de control… Algunas cosas que justamente le habían ocurrido casi desde el momento en el que empezó a verse con Raúl fuera del trabajo y a las que no le dio la mayor importancia. Todo parecía ir muy bien pero sin embargo tras unas cuantas citas y ante el plan de pasar unos días juntos haciendo turismo por Asturias se empezó a sentir mal y, siendo franca, se vio incapaz de afrontar la situación. Y así, casi sin querer se descubrió poniéndole a Raúl una excusa demasiado barata para no ir que casi le cuesta el seguir quedando y conociéndose. Por no ser clara, él no sabía que a ella la situación de ese viaje le producía un pánico espantoso y, por ende, se sintió rechazado, dolido e incluso poco deseado.

    Lo que María padece es algo todavía bastante desconocido para el común de los mortales denominado FILOFOBIA o miedo al amor. Esto que a priori puede parecer una tontería, es necesario tratarlo cuanto antes puesto que puede desembocar en una incapacidad de relacionarse con familiares, amigos, vecinos… llegándose incluso en los casos más graves a una situación de total aislamiento social. Por suerte, en su caso “el problema” no había llegado a tanto.

    Diego, también le comentó que toda fobia implica un miedo extremo e irracional ante una situación (en su caso, enamorarse) que nos lleva a defendernos de esa amenaza o ataque normalmente huyendo (de ahí que no fructificasen ninguna de sus últimas relaciones). María por fin entendió que tenía miedo a entregarse, a enamorarse y a establecer relaciones fuertes y estables por no acabar siendo débil, frágil y vulnerable y, ese miedo estaba ahí, agazapado… pero siempre presente.

   
    No existen teorías probadas acerca del origen de este trastorno pero todo apunta o bien a un sentimiento de fracaso que suele instaurarse tras una relación pasada que todavía no se ha superado o bien a un miedo intenso a ser rechazado. En el caso de María estaba claro que le ocurría lo primero. Aún seguía estancada en su separación. Realmente no la había asimilado todavía… cosa que le parecía por otra parte sorpresiva puesto que la decisión la había tomado ella ya que llega un momento en el que te cansas de luchar y lo mejor… es irse. Esa había sido su pequeña gran victoria, no intentar mantener en el tiempo algo que estaba roto pero sí, tras esta autorevelación, se descubrió diciéndole a Diego entre lágrimas que tenía un miedo atroz a volver a sufrir. A darlo todo por nada. A que todo saliese mal nuevamente.

    Podríamos decir que el verdadero temor de María y del resto de personas que sufren de filofobia no se encuentra en el hecho de amar. Ellos lo desean con todas sus fuerzas pero el miedo levanta un muro tan grande, tan pesado, tan infranqueable, tan… que les resulta imposible dejarse llevar por eso que llaman amor y, de hecho:

  • Buscan continuamente defectos en su pareja para justificar el por qué no deben implicarse más en esa relación sentimental.
     
  • Se enamoran de personas inalcanzables para reafirmarse en que ellos no tienen miedo a amar, sino que es el destino, el karma o las circunstancias los que no hacen posible su relación.
     
  • Se relacionan con personas muy diferentes pensando que de esta manera se llegará al fracaso de la relación y así, no serán ellos los que tengan que dejarla.
     
  • Suelen provocar disputas, encontronazos, desencuentros… por lo mismo. Para que sea el otro el que lo deje y poder seguir así el filofóbico en su (in)tranquila zona de confort.
     
  • Se aíslan emocionalmente al sentir que la otra persona se está acercando demasiado y no cogen sus llamadas, evitan quedar, las excusas se convierten en el centro de su vida...

    Una vez que tanto el problema como su origen estuvieron claros, a Diego solo le quedaba fijar una serie de pautas generales que María debería intentar poner en práctica para en la próxima consulta, poder seguir trabajando de una manera más exhaustiva sobre ellas:

  • Estaba claro que Raúl le gustaba y mucho. No quería perderlo así que tenía que intentar exponerse al miedo. El miedo fóbico nos paraliza, es cierto, pero la huida y/o la evitación no hace más que retroalimentar el círculo así que María, aunque le costase mucho tenía que coger el toro por los cuernos y afrontar la situación. Se le quedó grabada una frase que Diego le dijo y es a ella a la que recurriría cuando sintiese la necesidad de escapar: “Tienes miedo a que Raúl te haga daño pero date cuenta de una vez de que eres tú la que te dañas teniendo tanto miedo”.
     
  • Tenía que vivir el hoy. Parece una frase de perogrullo pero es que regodearnos en lo negativo del pasado no ayuda y anticiparnos a un futuro incierto, tampoco. Las personas, las situaciones, los momentos… son diversos y lo ocurrido ayer no tiene que condicionar en absoluto lo que pueda pasar mañana.
     
  • Debería ser clara y concisa con su posible futura pareja. En este caso Raúl al conocer sus miedos la comprendería mejor y no se creería que el problema estaba en que quizá él no era lo que ella esperaba, o que ella no lo quería, o… Expresar nuestros temores tendrá una doble vertiente positiva. Por un lado, nos ayudará a que los otros entiendan mejor nuestras reacciones y por el otro, reducirá nuestra tensión emocional ya que no hay nada que tapar, ni que esconder, ni que disimular.
     
  • Tenía que asumir que igual aún no estaba preparada para un nuevo comienzo. Este tipo de bloqueos emocionales suelen ocurrir porque tenemos todavía algunos episodios pasados no resueltos como ya comenté y… ¡Ojo! Esto no quería decir que tuviese que dejar a Raúl en ningún caso pero sí a lo mejor entender que sería también el tiempo el que iría reparando esas alas rotas que hoy le impedían volver a volar hacia el amor.

    Un cálido apretón de manos y una gran sonrisa en la cara de María puso fin a la sesión. Entró no sabía a qué pero salió con la firme decisión de volver para que Diego la siguiese ayudando a ser feliz. Lo que ella desconocía es que el camino hacia su felicidad ya había comenzado en el momento en el que decidió no huir despavorida una hora y pico antes. Ahí, aún sin saberlo, ya le estaba diciendo a sus miedos: ESTA PARTIDA, ¡LA GANO YO!

    Quiero acabar este artículo con un extracto del cortometraje “Mil razones” creado por Elisabet Terri y Albert Linares para Dulcinea Studios con la ayuda de Conejo Studios, que les servirá para entender a la perfección que, tras una ruptura aunque nos parezca imposible, aunque nos duela, aunque… siempre se puede y se debe volver a amar de nuevo.

“…Sé que todo esto va a volverme a pasar. Me volveré a equivocar. Me volverán a romper el corazón. Me voy a volver a enamorar. Y me volveré a mentir…”

    Dicen que una partida es necesaria para volver a reencontrarse así que yo, ya me despido por hoy no con un adiós sino con un hasta la próxima. Mientras… ¡Sean felices!

Un saludo.


 

Recomendaciones

María Ferná
Que se pare el mundo que
Tengo miedo a enamorarme
A quién me dej&oac

logo nehhon