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Entrevista hecha por: Patricia Dávila @p_davila09

Tipo: Literatura

Perdido por un poema





Desde mi habitación puedo escuchar el crepitar de las olas rompiendo la marea sin parar, puedo escuchar en la lejanía la sirena de un barco que reclama llegar al altamar. Pero también puedo escuchar cada noche los latidos de su corazón cuando duerme sosegado en esta quietud.

Recuerdo el día en que le conocí, él llevaba muchos libros para leer, todos ellos de filosofía, psicología y no sé qué. Caminaba distraído por las calles inimaginables de la vida, pensando en su soledad, recordando su vida pasada, procurando ser feliz aunque no lo consiguiese, pero sobretodo buscándome a mí.

Al doblar la esquina chocamos sin querer, los apuntes que yo llevaba se esparcieron por el suelo y en un primer momento se enfadó por "mi descuido", sus ojos oscuros como la noche me observaban sin cesar y su boca se entreabría con lo que pude distinguir unos dientes en perfecta simetría capaces de devorarme con sólo un mordisco, noté que su respiración se agitaba conforme pasaban los segundos, hasta que por un chasquido de los dedos despertó de la observación en que me tenía.

- Deberías ir con cuidado, fíjate por dónde vas y así no te meterás en problemas...

Le iba a responder con toda la altanería que la vida me ha dado, pero me contuve, porque al ayudarme a recoger mis manuscritos, uno de ellos fue a parar a sus manos e inevitablemente comenzó a leerlo. Conforme lo leía los ojos se le salían de las órbitas, sus fosas nasales subían y bajaban y sus labios emitían sonidos ininteligibles. Me recorrió nuevamente con la mirada, pero esta vez fue diferente, era una especie de súplica de saberse desprotegido, como si nunca le hubiera sucedido algo así. Pero al segundo, su mirada se convirtió en devoradora, como queriendo romperme en mil pedazos, como queriendo demostrarme su supremacía, como queriendo doblegarme.

- Esto... este escrito lo has hecho tú?
- Claro, de quién pensabas que era sino.
- Ya... Es magnífico.
- Gracias, pero una hace lo que puede.
- Entiendo... Me preguntaba si te apetecería tomar un café y así podríamos comentar tu poema.
- No tomo café.
- Té?
- English breakfast tea.
- Leche?
- Condensada.

Nos quedamos mirando largamente hasta que rompimos a reír, pude entonces fijarme por primera vez en su sonrisa y en la dulzura de su voz, en el brillo de sus ojos al mirarme y en su respiración entrecortada. Recogió mis papeles y yo le ayudé con sus libros y juntos nos dirigimos al café más cercano.

Al cabo de un tiempo, de risas y suspiros compartidos, de noches susurradas al oído, de pasiones no descritas y de abrazos, caricias y besos miles, me confesó su secreto:

- Que no se te olvide que te quiero con el alma y que tengo miedo a sufrir como yo de ti, que soy más duro que el cabezota más cabezota y que aunque no tuviese piel para volver a tocarte... te querría, porque aquella primera vez que te vi... ya estaba perdido por tu poema.

Entonces comprendí que aquella vez simplemente se perdió... en mí.



 

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