Twittear

Datos:

Articulo escrito por: Diego Ortega @guito_rmo

Tipo: Psicología

Miente Pinocho ¡Miente!



“Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo pero NO se puede engañar a todos todo el tiempo”
(Abraham Lincoln)

Que sí, que es obvio que todos en algún momento de nuestra vida decimos alguna mentira más o menos piadosa y que todos tenemos un amigo “fantasma” o un cuñado “flipado” pero… de lo que hablaremos en este artículo, es de aquellos que mienten de manera repetitiva, constante, compulsiva y adictiva hasta tal punto que hacen de la mentira su modo de vida.

Se dice de ellos (se da mucho más frecuentemente en hombres) que padecen mitomanía, pseudología fantástica o que son, para entendernos, mentirosos patológicos o personas con adicción a la mentira que encuentran en el arte de mentir una serie de beneficios inmediatos (recibir la admiración y/o la atención de los demás) que por otra parte, no hacen más que reforzar dichos comportamientos.

Aunque pueda parecer este un tema novedoso, ya DUPRÉ lo describió a principios del siglo XX (año 1900). Si bien en aquella época esta problemática tenía una entidad clínica específica, en la actualidad ninguna de las clasificaciones diagnósticas que se manejan en el campo de los trastornos mentales la considera así y simplemente hablan de síndromes o síntomas que se incluirían dentro de otra entidad nosológica mayor como pueden ser los trastornos de personalidad. Para entendernos, NO existe el trastorno de la Mitomanía de manera aislada y exclusiva pero sí habría gente con diversos trastornos que entre sus síntomas y síndromes, muestren o manifiesten comportamientos y actuaciones mitómanas.

¿Existirían características comunes entre los pacientes que sufren este tipo de problemática?

Pues con todas las cautelas ya que cada caso y cada persona, como solemos decir, son un mundo, sí podríamos decir que se podrían identificar una serie de pautas de acción comunes a todos ellos. Así:

- La historia puede y suele ser probable, y tener cierta relación con la realidad.

- Las aventuras imaginarias se manifiestan en múltiples circunstancias y de una forma duradera.

-  Los temas de estas aventuras suelen ser variados pero “casualmente” el héroe o la víctima es casi siempre el propio sujeto.

Además, presentan:

  • Altos niveles de ansiedad antes de proceder a mentir.
  • Pensamientos recurrentes e intrusivos que les alientan a hacerlo.
  • Incapacidad total y absoluta para resistirse a perderse aún más en el laberinto de sus mentiras.
  • Liberación de la tensión tras mentir.
  • Miedo constante a ser descubiertos que se trasforma en una satisfacción total si logran salir impunes.
  • Tendencia a pensar, expresarse y actuar de una manera pomposa, rimbombante y grandilocuente.
  • Una búsqueda de la aceptación y/o admiración de los demás de forma continua.
  • Baja autoestima.
  • Escasas habilidades sociales.
  • Un aumento progresivo de la magnitud de las mentiras de manera que cada vez mienten más y mejor…

A veces, estos sujetos pueden intentar engañar o estafar de una manera consciente pero en la mayor parte de los casos simplemente buscan adornar un relato de algo que puede incluso ser cierto para hacerlo más florido y llamativo para así gustar más o caer mejor. Para ellos, no es lo mismo contar que en Semana Santa se fueron de viaje a Londres y ya está, que decir que se fueron de viaje a Londres y que casi pierden el avión y que el despegue fue peligrosísimo y que allí se alojaron en uno de los mejores hoteles del mundo y… suma y sigue. El que la historia resulte mucho más amena para sus interlocutores primero y el miedo a ser descubiertos después será lo que en un principio inicie y mantenga esta conducta que ya se puede dar en la infancia y/o adolescencia. Aun así, es cierto que su “diagnóstico” nunca será antes de los 18 años puesto que es a esta edad cuando se considera que el sujeto tiene una personalidad formada y establecida siendo además plenamente consciente de que cada acción tiene su reacción en sí mismo, en los demás y/o en el mundo. Antes, en la infancia, a los niños en muchas ocasiones les es difícil distinguir entre su propia imaginación y la realidad y esto, unido a que la confusión es un hecho evolutivo normal y para nada indicador de la existencia de un trastorno en el futuro, hace inviable el diagnóstico a edades tempranas.

¿Se puede tratar?

Rara vez estos sujetos buscan ayuda terapéutica y cuando lo hacen, suelen romper rápidamente el vínculo con la terapia ante cualquier pequeña frustración o pequeño paso en falso dado durante la misma. Es por eso por lo que casi siempre son los familiares o las personas más cercanas a ellos los que acuden a una primera consulta demandando sobre todo información sobre el problema.

Buena parte del éxito de la terapia residirá en que el mitómano se comprometa a cambiar por él mismo. Ha de estar dispuesto a trabajar porque desee firmemente recuperarse y no porque su familia más íntima deje de tenerle en cuenta a la hora de tomar decisiones, porque sus amigos ya no le presten ninguna atención, o porque su pareja lo haya dejado porque ya no confíe en él pues en estos casos, toda intervención será inútil.

Es difícil hablar del tratamiento de una afección considerada como un síntoma o un síndrome dentro de un trastorno de la personalidad más amplio pero el planteamiento a seguir habría de ser fundamentalmente una combinación de psicoterapia (principalmente terapia cognitiva y entrenamiento en técnicas de comunicación) complementada, de ser el caso, con una terapia farmacológica ansiolítica y/o antidepresiva para la sintomatología acompañante.

Aunque realmente sí es complicado tratar con pacientes que ya no saben no transformar de forma sistemática la realidad en la que viven. Aunque es cierto que es difícil tratar con sujetos  que, aunque quieran, no pueden dejar de mentir puesto que esto se ha convertido en una parte más de su forma de comportarse y relacionarse con los demás, opino humildemente que como cualquier otra adicción, esta… ¡también se cura! Y que aunque no será fácil… ¡valdrá la pena!  

Dicen que una despedida es necesaria para volver a reencontrarse así que, un servidor ya se despide por hoy no con un adiós sino con un hasta la próxima. Mientras… sean felices.

Un saludo, Diego.

 

Recomendaciones

María Ferná
Que se pare el mundo que
Tengo miedo a enamorarme
A quién me dej&oac

logo nehhon