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Articulo escrito por: Diego Ortega @guito_rmo

Tipo: Psicología

Dos gemelas... y una más




 

Marta y Mirta son de Añora (Córdoba), gemelas y pelirrojas. Esas características atípicas pronto hicieron que fueran conocidas en todo el pueblo e incluso en los pueblos vecinos. Fueron siempre muy queridas de lo adorables que eran pero... conforme crecían empezaron a ser conocidas como las “del pelo rojo raras”. Siempre jugaban juntas y jamás permitían que se les acercase nadie puesto que con sus amigos imaginarios y sus lugares inexistentes tenían suficiente. Sus padres, María y Manuel pensaban que esas ansias por su soledad se les pasaría con el tiempo pero al ver que no, acudieron con las niñas a varios médicos, psicólogos y psiquiatras quizá más por acallar las habladurías que corrían por el pueblo que por la preocupación real de que sus hijas padeciesen algún tipo de trastorno. El resultado de todas esas evaluaciones fue unánime. Más allá de su rareza de no necesitarse más que la una a la otra eran unas niñas educadas, familiares, orientadas, estudiosas, alegres, inteligentes... y perfectamente integradas en la sociedad así que el único consejo que les dieron fue el de que no se preocupasen excesivamente ya que seguramente con la adolescencia la cosa mejoraría: las fiestas, la ropa, el maquillaje, los chicos...

 

Ambas acabaron el instituto con mención de honor y se pusieron de acuerdo para estudiar medicina. En su primer año de carrera todo parecía ir bien. Tenían amigos, empezaban a salir y, en definitiva, parecía que ¡por fin! se habían abierto al mundo pero... todo se truncó cuando unos días antes de los parciales del primer cuatrimestre Mirta, quizá más obsesiva y controladora que Marta, sufrió su primer brote psicótico. Es cierto que desde hacía unos días Marta veía en su hermana unos comportamientos extraños, incoherentes, extravagantes; ideas raras y poco usuales; un elevado nivel de suspicacia ante los demás; cierta dejadez en la higiene y en el vestido... pero todo lo achacó al estrés de los exámenes que ya se avecinaban. Ese día, Mirta fue ingresada de urgencia y empezaron las primeras dudas y los primeros miedos ¿Podría desarollar una esquizofrenia?. ¿Se quedaría en un simple aviso? ¿Tendría cura? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué?

 

Aunque no tenían antecedentes familiares que supiesen, lo cierto es que las posibles causas de la esquizofrenia son tan amplias y variadas (genéticas, inmunovirales, nutricionales, pre, peri y post natales, ambientales...) como aún demasiado desconocidas así que... más que buscar “culpables” todos decidieron aunar esfuerzos para sobrellevar la situación que se avecinaba de la mejor manera posible ya que por si no fuera suficiente la esquizofrenia de Mirta, María y Manuel tuvieron que asumir también que su otra hija tenía más del 50% de probabilidades de acabar sufriendo la misma enfermedad mental.

 

Mirta, tras lo ocurrido y debido a la no aceptación de su enfermedad y su baja adherencia al tratamiento acabó recluida en casa de sus padres y pasando por una montaña rusa de momentos en los que se encontraba mejor y peor en unos ciclos cada vez más frecuentes. Marta, aun sabiendo la espada de Damocles que pendía sobre su cabeza siguió con su carrera ya que quizá no correría la misma suerte que su querida hermana gemela. La vocación que sentía y sus excelentes calificaciones (iba camino de convertirse en la número uno de su promoción) le auguraban un futuro brillante pero a los tres años del episodio de Mirta, Marta empezó a comportarse no igual pero sí de una manera sospechosamente parecida a como antaño lo había hecho su hermana. Sus padres esta vez sin ningún tipo de duda debido al gran conocimiento que ya tenían de la enfermedad la llevaran de urgencias al hospital más cercano sin esperar a que apareciese siquiera el brote. Ahora ya sabían que en esta, al igual que en cualquier otra patología de inicio súbito como el infarto o el ictus, cada minuto es clave para favorecer el que el paciente vuelva a su estado vital anterior a sufrir el episodio.

 

Tristemente y a pesar de la prontitud del tratamiento, Marta acabó acaecida del mismo trastorno que su hermana. También tuvo que abandonar la carrera pero a diferencia de esta, entendió perfectamente y a la primera lo importante que era que tuviese una vida estable y organizada en cuanto a rutinas de ocio, higiene, comida y sueño así como tomarse la medicación a rajatabla y no saltarse ninguna de las citas del psicólogo ni del psiquiatra.

 

Si ya es terrible convivir con los síntomas de las enfermedades mentales crónicas peor es tener que luchar además contra el estigma social que supone padecerlas. Marta y Mirta, de hecho lo sufrieron como no podía ser de otra manera y no solo de sus conocidos o amigos sino también de una parte de su familia que si cabe, duele más.

 

Hoy, Marta y Mirta son felices. Una descubrió que le encanta la peluquería y la otra, que le apasiona la estética y ambas regentan sin ningún tipo de problema y con gran éxito su centro de belleza ¿Su próximo paso? Independizarse juntas a un piso que están amueblando con mucha ilusión para seguir demostrándole al mundo que no están más locas que aquellos que se denominan cuerdos.

 

Dicen que una despedida es necesaria para volver a reencontrarse así que un servidor ya se despide por hoy no con un adiós sino con un hasta la próxima. Mientras... sean felices y, sobre todo, ante sus prejuicios no juzguen e ¡infórmense!

 

 

* Fotografía de Julie de Waroquier

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