Twittear

Datos:

Articulo escrito por: Diego Ortega @guito_rmo

Tipo: Psicología

El vestido que cambia de color




Poco se podía imaginar Swiked, usuaria de la red de microblogging Tumblr, que una inocente pregunta a sus seguidores acerca del color del vestido de la firma Roman que llevaba la madre de una novia, iba a convertirse en una imagen viral en internet que generó más de 11 millones de tuits y que llegó incluso a dividir a la población de medio mundo ¿Azul y negro como opinaban Taylor Swift o Justin Bieber o blanco y dorado como defendían Julianne Moore o Kim Kardashian? ¿A qué se debe esta confusión? A lo largo del presente artículo intentaré explicar de una manera lo más sencilla posible porqué nuestros cerebros interpretan de forma totalmente opuesta la información que captan nuestros ojos.

Sin entrar en explicaciones demasiado fisiológicas les diré que para que podamos interpretar la información luminosa, mecánica o química captada a través de la vista nos valemos de unas células especializadas existentes en la retina que transforman, por así decirlo, la información sensorial en impulsos eléctricos captables y asimilables por el cerebro.

De hecho, en la retina de cada ojo tenemos más de 6 millones de conos y 120 millones de bastones destinados para ese fin. Tras recibir el estímulo visual y una vez pasado ese “filtro” retiniano, el cerebro ya es capaz de extraer la información más relevante generando en caso necesario representaciones que nos ayuden a rellenar los huecos de información faltante ayudados de nuestra experiencia vital y del conocimiento que tenemos de los objetos que nos rodean.

El problema es que aunque en la mayoría de las ocasiones hacemos “pleno”, en otras y de manera puntual, al intentar rellenar esos huecos generamos equívocos sumamente curiosos conocidos por todos como Ilusiones Ópticas (Cuadrícula de Hermann, Ilusión de Ebbinghaus, Ilusión de Müller-Lyer, Ilusión de Hering…).

Con la diferente percepción del vestido ocurre que en este caso el cerebro no solo valora el conocimiento previo del color que tengamos (como ya comentamos anteriormente que ocurre), sino que modifica la percepción del mismo en función de la luz del día.

Si entendemos el eje cromático de la luz diurna como un continuo que va desde el rojo del amanecer hasta al azul-blanco del mediodía para volver al rojo al anochecer, es evidente que nuestro cerebro debe descartar el sesgo cromático que conlleva la luz para percibir lo más adecuadamente posible el color del vestido. A este fenómeno se le conoce con el nombre de “constancia parcial del color” que se relaciona con si cualquier blanco lo vemos blanco independientemente de la luz existente o si por el contario, lo vemos grisáceo si está en penumbra. Así, los cerebros que de alguna manera tiendan a compensar los colores lo verán blanco y dorado y quienes lo vean tal cual, azul y negro.

Dicen que una despedida es necesaria para volver a reencontrarse así que un servidor, ya se despide. Mientras, les contaré un pequeño secreto... el vestido realmente es azul y negro.

 

Recomendaciones

María Ferná
Que se pare el mundo que
Tengo miedo a enamorarme
A quién me dej&oac

logo nehhon