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Entrevista hecha por: Patricia Dávila @p_davila09

Tipo: Literatura

El cristal de tus ojos



 

Un día, un mago –o pretendía ser aprendiz de mago- me dijo cerca del oído:

-“Recuerda con sumo cuidado mis palabras, porque a través de ellas decidirás estar bien o estar mal. Los ojos no sólo están hechos para mirar, sino también para decidir nuestro destino”.

Sus palabras no pasaron desapercibidas por mis neuronas, ya que al margen de que nunca había escuchado semejante comentario, quería a todas luces saber su significado, por lo que intenté poner cara de “mosca muerta”. No se me hizo nada difícil desde luego, pero tal vez sea algo que me delató, o que mis años de experiencia ya no pasan desapercibidos, que hizo que Josep, -así se llamaba el aprendiz de mago- se me quedara observando después de haberle contestado:

-Qué quieres decir con “decidir el destino”?

-Ajáa, no sólo eres bella sino también astuta y los hombres deberían pensárselo dos veces antes de escapar de ti.

-Eh¡ sin ofender¡ que yo no te estoy faltando.

-Sabes perfectamente lo que he querido decir. Ellos deberían pensárselo muy bien antes de escapar porque de lo contrario una vez que te tengan no te dejarán ir.

A este hombre, no se le podía esconder nada. Sólo pude asentir. Le dejé un billete en el cesto y me marché, ya estaba llegando tarde a trabajar.

Caminaba a grandes pasos para llegar al edificio donde estaban las oficinas del despacho, subí los escalones de dos en dos y pude coger el ascensor antes de que se cerrasen las puertas. Era la hora punta por lo que me puse al fondo del todo, la gente entraba y salía y cada vez se estaba llenando más y más.

A mi lado se encontraba Omar, un chico muy guapo que trabajaba en las oficinas aledañas al despacho y el cual me gustaba mucho, pero por el que aún no estaba muy segura de si aceptar sus muchas invitaciones para tomar una copa.
De pronto, me encuentro con que lo tengo pegado a mí, mirándome fijamente, podía sentir su respiración acelerada, su mano rozando levemente la mía. Acerca su boca a mi oreja y en un susurro casi imperceptible me dice: “Cuándo vas a decirme que sí? Cuándo vas a aceptar salir conmigo?”

Sus palabras fueron dichas irradiando sensualidad por todos los poros de su piel, adentrándose en la mía, calándome hondo, prometiéndome una relación duradera y sobretodo placentera.

Miré a todos lados fijándome en si los demás se habían enterado de todo, pero no.  Estaba a punto de decirle que sí, cuando la puerta del ascensor se abre nuevamente y entra Sofía, una niñata que también trabaja en la misma planta que nosotros.  Sus ojos y sus manos van directos hacia Omar, se abre paso entre la gente para tomarlo del brazo y sacarlo de mi contacto y de mi lado. Con una voz melosa para mi gusto, le dice: “Gracias por escuchar mis problemas la otra noche, eres un solete”.

“Solete?”, “la otra noche?” No tenía ni idea de eso y para mi gusto se salta el castaño oscuro. Siento que la señora rabia se apodera de mí, sin querer los celos se arremolinan en mi mente y no quieren irse y sobretodo unas lágrimas quieren aflorar en mis ojos y no entiendo el porqué. Cuando caigo en la cuenta de que probablemente esté a punto de entrar en el perímetro de “mis días rojos”.

Decido salir de allí inmediatamente antes de que coja por los pelos “a la pobre muchacha” y le exprima las últimas neuronas que le quedan.

El ascensor está a punto de llegar a mi planta, a duras penas me abro paso entre todos y me coloco delante y cuando las puertas se abren, salgo disparada como perro bóxer hacia las puertas del despacho.

Antes de entrar, siento que unas manos me cogen del brazo, me giro dispuesta a enseñar los dientes y me doy cuenta de que es Omar que me ha alcanzado.

-Ey, no te pongas así, no ha pasado nada entre ella y yo.

-Qué dices? No sé de qué me estás hablando? He salido antes porque voy a llegar tarde al despacho.
Pruebo con mi maniobra evasiva para salir de los peores momentos.
-A mí no me engañas, tus ojos no me engañan, te ha afectado sobremanera su comentario.

-Y tú cómo sabes eso?

-Por el cristal de tus ojos a través del cual te veo, eres como un libro abierto, llevo observándote hace bastante tiempo sin que te des cuenta. Y aún cuando no te estuviese viendo, sentiría cuánto te ha afectado.

El impacto de sus palabras no me dejan pensar con claridad, debo escapar otra vez.

-He de ir a trabajar.

-Antes de que te vayas, vas a decirme que sí esta vez y poder hablarlo tranquilamente esta noche? O vas a escapar nuevamente y perderte la oportunidad de que empecemos algo que pueda durar mucho tiempo o no. Lo que veo en tus ojos creo que no me engañan.

En ese momento se me viene a la mente las palabras de Josep “decidir el destino” y no lo pienso dos veces.

-De acuerdo, esta noche, hablaremos.

Los dos sin querer rompemos a reír…



 

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