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Articulo escrito por: Diego Ortega @guito_rmo

Tipo: Psicología

El criminal... ¿nace o se hace?





Poco se podía imaginar Vince Gilligan, guionista y showrunner, que su proyecto llamado “Breaking Bad” iba a acabar teniendo en vilo durante sesenta y dos episodios y cinco temporadas a teleadictos de medio mundo.

Para quiénes no conozcan la serie les haré una breve sinopsis, sin revelar datos cruciales, que espero les deje con un buen sabor de boca y, sobre todo, con muchas ganas de empezar a verla. No, no será esta una reseña de una serie televisiva pero es necesaria esta pequeña introducción para entender lo que desarrollaré después.

A lo que iba... a un brillante profesor de química de un instituto de Albuquerque (Nuevo México) llamado Walter White  le detectan a los cincuenta años un cáncer de pulmón incurable. Esta terrible noticia le llevará a dar un drástico giro a su vida del que se enterarán unas líneas más abajo.
Esta aclamada serie reconocida por crítica y espectadores a partes iguales como respaldan los increíbles datos de audiencia y los numerosos premios recibidos, da nombre a lo que ya los investigadores denominan como “Síndrome de Breaking Bad”.

En sus estudios Alan Page Fiske y Tage Shakti Rai intentan explicar por qué muchos actos violentos son fruto del simple deseo de hacer el bien. En su libro “Virtous Violence” explican que aunque los actos violentos puedan parecer inaceptables para la mayoría de la sociedad tienen sentido y sobre todo, son NECESARIOS para quienes los ponen en práctica. Así, hacen pagar a alguien por sus maldades, enseñan lecciones y/o inculcan obediencia. Son estas las principales motivaciones que exhiben las personas que padecen este curioso síndrome independientemente de cual sea su contexto social o cultural.

Volviendo a la serie, White se convierte con la ayuda de uno de sus antiguos alumnos en un narcotraficante de anfetaminas tras enterarse de su enfermedad. En su pensamiento, su deber de padre le hace entrar en ese sórdido mundo ya que se siente obligado a dejar un buen legado económico a su familia (está casado y tiene un hijo discapacitado) y además, necesita obtener el dinero necesario para pagar su tratamiento. El toda la vida “normal” profesor, decide delinquir y convertirse en alguien sin escrúpulos para llevar la dignidad económica a su hogar movido por un fondo de cierta “bondad” que se puede ver también en muchos de los actos violentos llevados a cabo por numerosos criminales.

Las conclusiones de Fiske y Rai son la consecuencia de un análisis sumamente exhaustivo de cientos de estudios sobre violencia realizados en distintas partes del mundo basados en miles de entrevistas con criminales. Tras revisar toda esa cantidad ingente de datos encontraron (a excepción de en los psicópatas que son harina de otro costal) motivaciones MORALES para explicar maltratos, violaciones, participación en guerras... ya que según sus palabras “casi nadie daña a otro con la intención de ser malo”. De acuerdo, la mayoría de sus actos serán vistos desde fuera como extraños, repudiables u horribles, pero en la gran mayoría de ocasiones tendrán sentido desde el punto de vista del que los comete. Y ojo, no solo por el que los comete sino también por otras personas afines, lo que explicaría el comportamiento de las pandillas tipo las maras, los skinheads y similares.

La moral de uno mismo no solo consistirá según estos autores en ser bueno, educado y pacífico, sino que también incluirá el sentimiento de que, en algunos casos, existe la obligación de hacer algo sin tener en cuenta las consecuencias prácticas del hecho. Por ejemplo, el niño que entra en una escuela con una escopeta y dispara contra sus compañeros cree que está castigando a los que le acosaron y fueron malos con él y no piensa en nada más. De acuerdo con que es un pensamiento totalmente erróneo y con que el acoso ha de ser siempre castigado de otra manera claro pero para él, esa matanza está más que justificada.

No voy a entrar en este artículo a evaluar las causas del síndrome puesto que los datos neurocientíficos aún no arrojan una luz totalmente clara al respecto y son muchas y diversas las teorías existentes sobre el tema. Por un lado se sabe mediante el estudio del comportamiento cerebral de los psicópatas, que responden a estímulos cerebrales de una manera distinta a como lo harían las personas sin maldad por así decirlo y si esto es cierto, nuestro cerebro sería el único culpable de este tipo de comportamientos; por otro, otras investigaciones parecen poner en claro que serán nuestros genes los que determinen la propensión o no a cometer crímenes violentos...
Es por ello por lo que más que en las causas subyacentes del síndrome quiero centrarme para acabar el artículo recalcando que a veces, la manera más efectiva de evitar que alguien vuelva a cometer un crimen violento es haciéndole ver que sus convicciones morales son equivocadas y que lo que perciben como algo correcto no lo es.

Dicen que una despedida es necesaria para volver a reencontrarse así que un servidor ya se despide por hoy no con un adiós sino con un hasta la próxima. Mientras... sean felices.

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