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Articulo escrito por: Pablo Martinez @pablo93mg

Tipo: Cuestionando

Donald Trump




Donald J. Trump… es real


por Pablo Martinez García

Donald J. Trump va a ser el próximo presidente de los Estados Unidos de América. El último de una larga lista en la que ha habido de todo: masones, generales, magnates, pobres venidos a más, psuedomafiosos y un presidente negro. Es muy curioso este último dato. El país que ha sido gobernado por un demócrata negro los últimos ocho años ha elegido a un candidato que es completamente lo opuesto a lo que representa Obama, y este quizás sea el motivo. Entremos en detalle.

El magnate Trump ha llevado a cabo una campaña verdaderamente dura y agresiva, como hacía tiempo no se recordaba en EE.UU. Ataques personales y amenazas a sus rivales, primero en las primarias del partido republicano y más tarde contra Hillary Clinton han sido la tónica general, además del escándalo. Una gran estrategia de marketing político tal y como se ha demostrado. Todo esto le ha permitido durante semanas copar la información de todos los medios de comunicación estadounidenses y extranjeros, fomentando debates y reacciones pero, en cualquier caso, sin pasar desapercibido. Ahí es donde la balanza se decantó a favor de Trump. Ahí y en los mensajes que conectaban con lo más rancio y atrasado de la población estadounidense. Los mensajes simples y racistas, la frase fácil de "hacer América fuerte y grande de nuevo" (Make America Great Again en su lema electoral) ha calado en importantes sectores de la "América profunda". Esa población que ve en los inmigrantes una seria amenaza para sus puestos laborales, que no arrebata la inmigración sino la mecanización. Esos que ven como una amenaza el crecimiento de China y pretenden poner aranceles a sus productos cuando no se dan cuenta de que lo que produce China en su gran mayoría procede de grandes marcas estadounidenses. Esa población es blanca, con pocos estudios y muy religiosa, entendiendo estos datos como algo general.

También es importante plantearse si Trump gana por él mismo o como consecuencia de otros muchos factores, el principal de ellos su contrincante. Hillary Clinton probablemente no era la mejor candidata demócrata, menos tras desplazar a su rival en las primarias, Sanders, al que no acogió en su equipo tras derrotarlo, como si que hizo Obama con ella por cierto. Hillary no conectaba con gran parte de la población y, obviamente, no iba a ganar por el simple hecho de ser mujer. Con eso no basta. También hay que tener en cuenta que es heredera de las políticas de Obama, pues formó parte de su administración, que tampoco ha sido brillante en muchos sentidos, porque, obviamente, con caer bien y ser negro tampoco basta. Y esto es lo que ha pasado, los estadounidenses han votado entre dos malos candidatos y a priori han elegido al peor, claro que eso no lo sabremos hasta dentro de unos años pues quien en un mes abandona la Casa Blanca es un Nobel de la Paz y pacifico… no ha sido.

¿Cómo afecta esto a Europa? ¿y a otros países? Pues en principio la primera consecuencia es el rechazo de Trump al TTIP, al igual que otras muchas formaciones europeas (como Podemos). Trump prefiere potenciar las relaciones bilaterales en contraposición a las relaciones EE.UU-UE, gesto inteligente por su parte si quiere hacer de EE.UU esa potencia que antes era. Respecto a terceros países como Canadá y México les afectara de igual modo que a Europa con una diferencia: ellos ya tienen en vigor el tratado de libre comercio entre los tres (NAFCA) y será difícil de romper y si se logra dañará notablemente las relaciones de EE.UU y su credibilidad. México es a priori el país que más sufrirá, pues ha sido el blanco de la ira de Trump, pero ya vemos como se modera su lenguaje y su posición, por lo que no debería sorprendernos más cambios de actitud, a pesar de que seguramente se endurezcan las relaciones entre ambos países.

Por último señalar lo profundamente antidemocrático que es protestar contra alguien que ha sido votado. Manifestarse es legítimo, pero no se puede tratar de tumbar a alguien que ha ganado unas elecciones. Trump no gusta a nadie, pero sí a quienes democráticamente lo han elegido, por lo que hay que respetar el dictamen de las urnas.


 

 

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