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Articulo escrito por: Diego Ortega @guito_rmo

Tipo: Psicología

De la cordura a la locura tan solo hay un mal día




Ha sido el trágico accidente del vuelo GWI9525de Germanwings(filial de bajo coste de Lufthansa) con salida de Barcelona y que nunca aterrizó en Dusseldorf el origen del presente artículo.

Cada vez que ocurre un suceso de este calibre en el que en un instante se les arrebata la vida a un gran número de personas a la vez se suele repetir un mismo patrón en el que nos relatan las historias vitales de las víctimas que volaban en este caso en el avión, las de los que finalmente no pudieron coger el vuelo por algo que pueden llamar suerte, casualidad o destino sin olvidarnos de la gran multitud de teorías que intentan explicar el accidente y que van desde el fallo mecánico del Airbus hasta un error humano o incluso a cuestiones casi conspirativas con las que deleitar a los amantes de lo oculto, el misterio y lo desconocido.


En el caso que nos ocupa no tardaron demasiado en tachar al copiloto de enfermo mental y aquí me gustaría lanzar al aire una pregunta ¿estaba realmente loco? Pues lo cierto es que por muy increíble e inverosímil que les parezca NO tenía porqué. No conozco ni una sola estadística que refleje que los comúnmente llamados locos cometan más atrocidades que los que no lo están y si quieren ejemplos recientes tampoco lo estaban Miguel Carcaño, José Bretón o los padres de Asunta Basterra. Tampoco los que matan en una guerra, ni los terroristas, ni los maltratadores lo están. Es esta una etiqueta fácil y rápida que ponen o ponemos porque ante lo inexplicable nos quedamos más tranquilos y controlamos nuestro miedo pero que NO siempre refleja la realidad y que desde luego, no deja de funcionar como un mero placebo, como un simple y burdo mecanismo de defensa. Cuando nuestro ideal de lo que es o debería ser normal se derrumba como un castillo de naipes, recurrimos al “alguien en sus cabales no haría eso” y nos quedamos en paz. ¡Ojo! con esto tampoco digo que esté cuerdo principalmente porque no poseo todos los datos necesarios para emitir juicios de valor hacia uno u otro lado y me parecería incluso temerario pronunciarme a ese respecto pero sí quiero que quede muy claro que la locura, la enfermedad o el trastorno mental no ha de ser una condición sine qua non para que ocurran este tipo de sucesos.


Como decía, casi desde el principio y una vez descartado el fallo mecánico y estando ya clara la autoría de los hechos por parte de Lubitz, periódicos, radios y televisiones se llenaron de psiquiatras y psicólogos con DSM V y/o CIE 10 en mano dispuestos a poner una etiqueta a quién culpar. Son tantas las hipótesis escuchadas estos días que solo mencionaré algunas: suicidio, brote psicótico, trastorno de ansiedad generalizada, depresión, trastorno obsesivo, trastorno narcisista de la personalidad, síndrome de estar quemado en el trabajo (Burnout)… y permítanme decirles queridos lectores que ser un enfermo mental no es necesario ni suficiente para matar caiga quien caiga contigo. Por ejemplo y para que lo entiendan, vamos a imaginar que Lubitz tenía un trastorno depresivo mayor (depresión severa) ¿vale? Si este diagnóstico fuera necesario, en todos los actos suicidas estaría presente la depresión y no es el caso. De igual forma,si el diagnóstico del trastorno depresivo mayor fuese suficiente, la depresión explicaría por completo la tragedia y tampoco es el caso puesto que los deprimidos no matan a la gente a diestro y siniestro como es obvio.


Bastantes prejuicios existen ya sobre este colectivo como para añadirles alguno más. Es cierto que la línea que separa lo normal de lo anormal, la cordura de la locura es en muchos casos demasiado fina y confusa pero desde luego, no es justo que siempre paguen justos por pecadores cuando las mayores locuras las cometen los cuerdos. Quizá y solo quizá Andreas Lubitz fuese un chico normal haciendo algo monstruosamente anormal sí, pero sin más, y de hecho por mucho que debatamos al respecto, jamás sabremos lo que verdaderamente ocurrió.


Dicen que una despedida es necesaria para volver a reencontrarse así que, un servidor ya se despide por hoy no con un adiós sino con un hasta la próxima. Mientras, intenten no relacionar lo terrible con un grupo (en este caso, los que sufren alguno de los numerosos trastornos mentales) puesto que esto únicamente fortalece el estigma de una población que con lo suyo, bastante tiene.
 

 

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