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Articulo escrito por: Diego Ortega @guito_rmo

Tipo: Psicología

A quién me dejó marchar




“Pero te dejé marchar y las olas no te traerán aquí, pero yo te esperaré... en la orilla aunque tú no volverás jamás”

(Te dejé marchar - Luz Casal)

   Tras innumerables horas de charla en diversas terrazas ante cafés humeantes y/o cervezas bien fresquitas con mi amiga María Grangel Guerra en la que conversamos entre otras muchas cosas de eso que llaman amor y sus fracasos, hemos creado esta entrada en forma de carta dedicada a todos aquellos a los que algún día, quizás por miedo a jugársela, nos dejaron marchar ¡Esperamos que os guste!

     ¡Hola!
     No gires la cabeza que es a ti a quién escribo ¡Sí!, a ti. Quién un buen día me dejó marchar por su mala costumbre de querer o más bien, de quererme a medias. 

     Fue tu mejor antídoto, ya que, así evitaste sufrir demasiado al no implicarte más de lo necesario en nuestro viaje hacia ninguna parte. O quizá el problema fuese mío por no saber ni poder quererte así, por no conformarme con la suma de las partes cuando lo que quería entonces era el todo.

     Y que sí, que en ocasiones tengo la cabeza en las estrellas pero limitándote a las veces que tuve los pies en el suelo coincidirás conmigo en que no te reclamé ni pedí nada que no creyese justo, pues de sobra sabes que no soy de amores baratos, ni de los que se mendigan ni de los que se regalan porque sí. Soy del amor comprometido y del de aquí y ahora. Me conoces demasiado como para saber que no me gusta jurar “para siempres” que quizás no pueda cumplir.

     Hoy, me sorprendí a media tarde preguntándome en silencio qué será de ti, cómo estarás, si serás feliz y he decidido escribirte estas letras, las cuales espero no te tomes como un reproche, pues mi intención solo es que reflexiones y pienses ¡Sí! Que pienses en que viviendo sin arriesgarte a saltar, aún a sabiendas de que el paracaídas puede no abrirse, vivirás pero no VIVIRÁS y ¡claro! ganarás en tranquilidad pero… todo lo que te pierdes por el camino qué ¿eh?

     ¿Sabes? Tenemos la jodida mala costumbre de no disfrutar del hoy y consumimos los días, los meses, los años y la vida centrados por un lado en no acabar de soltar las mochilas de las decepciones pasadas que nos llenan de miedos que quizá nos hacen querer a medias y por el otro, perdiendo el tiempo anticipándonos a un futuro cuanto menos incierto y en el que curiosamente rara vez vislumbramos a lo “nuestro” un final feliz sin darnos cuenta de que somos nosotros mismos los que tenemos que luchar porque así sea.

     Qué pena insistir en quedarnos con aquellos libros con desenlaces cerrados y que nunca acaban bien en lugar de con aquellos en los que estos varíen según vayamos construyendo la historia porque así es realmente la vida. Nadie habla aquí ni de príncipes ni de princesas ni de castillos ni de carrozas porque el amor nunca es de cuento ni de película ni de color de rosa. El amor, simplemente estará impregnado de los tonos que tú, que vosotros estéis dispuestos a darle. No hay más.

     Soy el primero que sabe que el mero hecho de amar echando los restos y sin matices es difícil, mucho pero... ¿no será mejor intentarlo y hundirnos antes que quedarnos en la segura línea de flotación? Desafortunadamente solemos elegir, bueno, elegiste, lo segundo, lo fácil, lo fijo, lo cierto, lo… y luego me hablas de las circunstancias, del destino, del karma… como eufemismo de tu falta de narices o ¡qué coño! de ovarios para ponerte el mundo por montera y apostar, apostar por mi ¿No te das cuenta de que esa actitud conformista y pasiva lo único que te impide es ser dueña de tu propio camino? Y no, no hablo exclusivamente del amor. Hablo de la vida.

     Yo en su momento, y volviendo al tema “nosotros”, hice mía una de las frases de mi querido Pablo Arribas recogida en una de las entradas más famosas de su Sencillo Universo llamada “Sal con un valiente” y fui capaz de decirte “Mi apuesta eres tú y ¿sabes qué? Me la juego contigo”. A ti, al igual que a tantos y tantas otras, te atrapó el miedo o vete tú a saber, y te fuiste “olvidando” de llamar, de escribir y hasta de querer(me). De repente y sin entender nada, la palabra más usada de tu vocabulario pasó a ser la de MAÑANA ¿Mañana? Curiosa y triste paradoja cuando mi palabra favorita era y sigue siendo la de HOY. Como ves, sigo pecando de impaciente, bendito o maldito defecto según los ojos del que lo mire ¿no?

     Si me permites un consejo o más bien, unos cuantos, para tus vidas futuras si es que la reencarnación existe, quiere, quiere mucho a quién decida jugarse su vida contigo y hazlo hoy ya que dejar ciertas cosas para mañana nunca suele ser un buen plan porque puede que el mañana no exista. Y no pagues con él lo que otros te hayan hecho porque cada comienzo ha de ser lo más virgen posible para llenarlo de aprendizajes, experiencias, viajes, momentos... nuevos. ¡Ah! y cuida los detalles más simples porque con ellos suelen empezar los caminos que te pueden llevar a algo tan grande como encontrar al perfecto compañero de viaje hasta que llegue el fin de tus días. Es cierto que vivimos en un mundo demasiado rápido en el que poco más hacemos que pilotar según los tiempos que nos marca ese reloj que miramos miles de veces a lo largo del día pero, por favor, no te olvides de esos te quiero imantados en la nevera cuando entres a trabajar más pronto que él, de ese abrazo cálido en el que no hagan falta las preguntas porque sus ojos te lo digan todo y, por supuesto, tampoco de esas guerras de almohadas en la cama un domingo de esos de poca ropa.

     Y quiérete. Quiérete mucho sin anclarte a fobias ni inseguridades ni defectos porque seguro que sigues siendo tan increíble como siempre y lo serás más aún cuando aprendas a querer(te).

     Porque al final, solo se trata de dejar de tenerle miedo al miedo y de bailarte la vida con quién decida firmemente bailarla contigo. Porque al final, todo es tan fácil como tratar de ser feliz con quien te haga feliz y punto. Yo, al menos, en ello estoy.

     Ya empieza a oscurecer, la marea está subiendo y esta orilla en la que espero empieza a humedecerse así que es un momento tan bueno como cualquier otro para levantarme e irme, no sin antes desearte que te vaya bonito y de despedirme con un adiós, un adiós para siempre porque poco a poco me fuiste dejando de doler, porque casi sin pensarlo te olvidé y hoy, por fin, acabé de entender que en la mayoría de ocasiones volver, no lleva a ninguna parte.

     Dicen que una partida es necesaria para volver a reencontrarse así que nosotros, ya os dejamos por hoy no con un adiós sino con un hasta la próxima. Mientras, sean felices.

Un saludo.


 

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